jueves, 22 de diciembre de 2016

La verdad está ahí fuera

Ya hace algunos años que la serie Expediente X pasó de moda, aunque algunas cadenas se empeñen en reponerla e incluso, he escuchado por ahí, en hacer un remake (para mí que ni Mulder ni Scully deben estar ya por la labor de andar buscando por ahí alienígenas sin ton ni son). Yo, que no alcancé a ver terminar todas sus temporadas porque ya verdad ya me cansaba (no era tan mayor como para estar enganchado a ese tema), siempre me quedé con la duda de saber si en realidad llegaron a encontrar alguna prueba de la existencia de seres de otro planeta, si el gobierno de Estados Unidos no tiene otra cosa que hacer que empeñarse en ocultar esas pruebas, si eran dos locos chiflados que nos sabían cómo hacer para tener solucionada la vida y seguir de funcionarios en el FBI, o se estaban quedando con todos nosotros y lo único que buscaban eran tenernos enganchados a la tele como idiotas semana tras semana.


Sin embargo, antes de que estos dos intrépidos agente se preguntaran por pruebas de la existencia de seres de otro planeta, ya en la antigüedad hubo otros que se hicieron la misma pregunta, sólo que ellos solucionaron la papeleta mucho más rápido. En vez de pensar que había seres que habitaban otros planetas (¿cómo hacerlo, si ni siquiera tenían muy claro qué era la Tierra?), directamente achacaron sus venturas y desventuras a otros que también parecían venir de arriba, pero no tanto como los extraterrestres: los dioses.
La mitología me fascina desde hace mucho tiempo, no tanto por sus personajes o cosmogonía, sino por cómo nuestros antepasados consiguieron hacer pasar por designios divinos todo lo que ocurría en sus vidas, fuera bueno o malo, y cómo se quedaban tan panchos atribuyéndoles pasiones humanas para todas las decisiones y actos que provenían de ellos. Claro que, a lo mejor, ellos se simplificaron mejor la vida, y no necesitaron andar buscando pruebas de algo que a lo mejor no existe, o si existe no se puede demostrar (de todas formas, si hubiera alguna vida inteligente allá fuera, ¿por qué iban a estar interesados en venir a conocernos a nosotros, pobres terrestres?).

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